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BOLETÍN # 24
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Las telecomunicaciones, venas de la sociedad de la informaciónBruno Sánchez Quiroga El concepto inicial de comunicación, como característica primordial del teléfono, ha quedado atrás. Técnicamente, la telefonía móvil logró migrar del ámbito de las telecomunicaciones hacia el de las industrias culturales, ya que el celular no sólo sirve como teléfono móvil, sino que asume otras funciones. En ellos coinciden audio, video, conexiones vía red entre otros servicios, prueba de ello son los buscadores como Google y Go for Mobile 2.0 de Yahoo, lo que coloca a la telefonía móvil como claro ejemplo de la convergencia tecnológica. En el aspecto social, el celular tiene actualmente otros significados: estatus, moda, imitación, necesidad, estar más cerca, omnipresencia, entre muchos otros que los ciudadanos le conceden. Sin temor a equivocarnos, si solicitáramos a varios individuos que de una lista acerca de los usos del celular, eligieran los más significativos, seguramente en el resultado el aspecto educativo quedaría en los últimos sitios. No obstante en Europa ya existen ejercicios en este sentido. La evolución del teléfono móvil o celular ha permitido disminuir su tamaño y peso además de mejorar las opciones de comunicarnos desde casi cualquier lugar. Aunque su principal función es la comunicación de voz, como el teléfono convencional, su rápido desarrollo ha incorporado otras funciones como cámara fotográfica, agenda, acceso a internet, reproducción de video e incluso GPS y reproductor mp3. Pero antes de conocer la forma en que este tipo de telefonía puede convertirse en una herramienta didáctica en las industrias culturales, es conveniente conocer el universo de la telefonía celular en México. De acuerdo con una encuesta elaborada por Consulta Mitofsky en agosto de 2010 que presenta el perfil del usuario y una descripción de la forma en que usan este servicio los ciudadanos en el país, destaca que 53 por ciento de los mexicanos mayores de 18 años utiliza la telefonía celular; los hombres (56 por ciento) tienen ligeramente más acceso a ella que las mujeres (51 por ciento), por edades hay una gran diferencia de uso; mientras dos de cada tres menores de 30 años usan un celular, sólo uno de cada tres, mayores de 50 años lo hace. El principal uso del celular se concentra en las llamadas de voz. Un adulto recibe en promedio cinco llamadas al día, indica el Pew Research Center, destacando que las mujeres son las que más llamadas hacen (53 por ciento) en comparación con los hombres (43 por ciento). Finalmente, son los padres más propensos a llamar varias veces al día por distintos motivos, entre ellos al trabajo (32 por ciento de los padres frente a 19 por ciento de los no padres); para encontrarse con alguien (28 por ciento vs. 17 por ciento), para saludar y charlar (31 por ciento vs. 24 por ciento); por largas conversaciones personales (13 por ciento frente al 7 por ciento),u organizar un encuentro físico (18 por ciento vs. 13 por ciento). Industria cultural El debate va más allá de considerar únicamente al teléfono celular como una herramienta capaz de difundir contenidos educativos, se ha planteado incluso si pertenece a lo que se ha denominado industrias culturales, de las que forma parte la Web. En ese sentido, el celular puede considerarse como la fase superior de los dispositivos de comunicación, por lo tanto de acuerdo a especialistas es una herramienta de información que no ha dejado de evolucionar. Como parte de las sesiones del Seminario Industrias Culturales en México, realizadas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Jorge Bravo al presentar la ponencia: ¿Es la Telefonía Móvil una Industria Cultural? Aproximaciones para la Discusión, comentó que el teléfono celular puede considerarse una industria cultural ya que es rentable en términos económicos, pero además brinda un servicio de comunicación que se conecta a una red de telecomunicaciones, la cual pertenece a un sistema económico hegemónico. Señaló que de un artefacto que pesaba 800 gramos, hoy día es tan ligero que puede ser llevado en el oído y en el futuro promete ser cada vez más flexible, maleable y orgánico, gracias a los avances de la nanotecnología. El celular, agregó, debe considerarse además parte una industria cultural porque ha creado su propio lenguaje, que no sólo es oral, sino incluye abreviaturas y símbolos capaces de ser descifrados solamente por sus usuarios, pero de igual forma recupera las tecnologías más antiguas así como las más recientes como puede ser Internet. Jorge Bravo comentó que el celular, al ser parte de una industria cultural, se convierte en un dispositivo convergente que permite la confluencia de distintos contenidos en varios formatos audio, video y texto, los cuales pueden pertenecer a distintas industrias culturales. Hizo referencia también al caso en que un solo operador es el que ofrece todos los contenidos a través de un mismo dispositivo, ya que en dichas ocasiones –aun cuando la telefonía celular es una industria cultural– lamentablemente se relaciona con una ideología determinada, que la mayoría de las veces pertenece a la clase dominante. Sin embargo, señaló que hace 20 años no se consideraba una industria cultural era una herramienta que formaba parte de las telecomunicaciones, pero al continuar su evolución se le otorgó otro estatus. Por lo tanto, puede afirmarse que es una industria cultural porque hace circular y reproduce contenidos simbólicos y culturales que requieren inversión de capital y de un trabajo simbólico. El reto es aplicar nuevas metodologías para estudiar el fenómeno, por ejemplo se han producido filmes grabados con la cámara del celular, literatura por entregas por medio del celular, redes sociales, publicidad y contenidos educativos en algunas universidades españolas. Aspectos educativos Es evidente, agregó, que si se les entregara a los alumnos una dotación compuesta de una cámara de fotos y una de video, así como una grabadora de sonido con reproductor de audio y un dispositivo capaz de conectarse a Internet, sin que se les diera alguna instrucción de cómo manejarlos, seguramente encontrarían enormes posibilidades de cómo usarlas para apoyar sus clases.
Lo anterior deja a la vista algunas interrogantes al respecto, por ejemplo ¿los teléfonos no son todo eso en un único dispositivo? ¿El costo de ese material es nulo para la escuela ya que todos cuentan hoy día con uno? ¿Se podría sacar un buen provecho de ese recurso, dada la alta motivación que el alumno muestra ante su uso? Por lo tanto, negar los beneficios potenciales que esto puede ofrecer es vivir de espaldas a la tecnología. Sin embargo, todavía no es tan clara para todos los usuarios esta forma de uso, hay que pasar por un proceso de culturización tecnológica que incluya al profesor, quien en la mayoría de los casos, apenas es capaz de hacer llamadas o enviar un SMS. Por otro lado, el alumno debe entender que el celular es una herramienta capaz de transmitir y permitir el acceso a contenidos educativos. Si se lograra dicha culturización, nada impediría usar la tecnología con naturalidad en un aula y sacar todo el potencial didáctico que ofrece. Pero hasta entonces, no queda más que seguir fortaleciendo los contenidos para ser transmitidos por los dispositivos. En caso contrario puede que la no incorporación de los dispositivos móviles nos lleve a un retraso tecnológico en las aulas, porque en cultura digital no todo se reduce a tener conectividad a Internet. La tecnología va más allá de Internet y es actualmente obligación de las instituciones abrir los ojos a los alumnos ante un uso racional y natural de la misma. Es innegable, el componente cognitivo al usar los dispositivos móviles, la cuestión es vincularlo a procesos educativos específicos. “Ese sin duda es el reto”.
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® D.R. 2000-2007 Universidad Nacional Autónoma de México, Coordinación de Universidad Abierta y Educación a Distancia, La responsabilidad de los artículos publicados recae, de manera exclusiva, en sus autores. Boletín SUAyED, publicación electrónica que aparece el segundo lunes de cada mes, publicado por la Coordinación de Universidad Abierta y Educación a Distancia. Oficina: Circuito Exterior s/n, Ciudad Universitaria, México, DF. Tel. 5622-87-11. Certificado de reserva de derechos al uso exclusivo 04-2011-011113252200-203, expedido por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Editor responsable: José Antonio Sánchez Yllanez. ISSN en trámite. |
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