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Replantear el uso de las tecnologías en educación, reto del docente
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INNOVACIÓN
Replantear el uso de las tecnologías en educación, reto del docente

Las telecomunicaciones, venas de la sociedad de la información

Elvira Álvarez Mendoza
Coordinación de Universidad Abierta y Educación a Distancia
maria_alvarez@cuaed.unam.mx

Innovar en la enseñanza no se refiere sólo a incorporar dispositivos tecnológicos en las aulas sino en promover su uso pedagógico para la obtención de aprendizajes significativos, esto último representa el gran reto para los docentes, planteó Frida Díaz Barriga, de la Facultad de Psicología, en la Conferencia Magistral El Papel del Docente con la Incorporación de las TIC en la Educación.

Al participar en el Seminario El Docente y su Papel Innovador con el Apoyo de las TIC en las Modalidades Educativas, efectuado en el Auditorio de la Coordinación de Universidad Abierta y Educación a Distancia (CUAED), Díaz Barriga aseguró que hoy día, más que nunca, hay grandes demandas y expectativas de la sociedad hacia la figura docente, “pero al mismo tiempo hay muchas paradojas, ya que las condiciones en las que el profesor realiza su labor no son de ninguna manera las óptimas”.

Por un lado, señaló, se espera que sea competente para crear ambientes educativos, vinculados o situados en contextos reales con un fuerte soporte en las TIC, así como para enseñar competencias tecnológicas y participar en la conformación de comunidades de aprendizaje. Pero, por otro, su papel, desempeño  y rendimiento son criticados y cuestionados.

Aunado a ello, en diversas ocasiones lo que se califica como innovación docente es sólo la adopción de la moda del momento. “Si se emplean los mapas conceptuales, se les envía a un taller para que aprendan cómo elaborarlos; si son las tecnologías los mandan a un curso de computación”, lo cual no significa que esto se traduzca en un mejor desempeño en clase.

En este sentido, Frida Díaz Barriga aseguró que el concepto de innovación debe ir más allá, incluyendo una mirada ética, de responsabilidad social y tiene que acercarnos a usos más seguros de las tecnologías.

Si bien se habla que los profesores deben contar con competencias tecnológicas éstas no se refieren a saber manejar la computadora y alguno de los programas, como los procesadores de texto. Lo importante en este caso es reflexionar sobre cuál es el sentido final de ello; por ejemplo, el valor que tiene la opción de regresar a un texto escrito y replantearlo; la posibilidad de comunicarse, así como de construir un nuevo saber y compartirlo con otro.

Más allá de los términos

Al hablar sobre el concepto de competencias, Frida Díaz Barriga señaló que éste es polisémico. “Ahora todo es competencia. Me sorprende que cuando uno revisa los planes de estudio, todo lo que era una habilidad, una actitud o una capacidad para…, se ha transformado”.

En este sentido, aseguró que las competencias tienen que verse como las capacidades que desarrollan las personas para movilizar saberes; afrontar situaciones y resolverlas; tomar decisiones y resoluciones en torno a las mismas con la integración de aspectos cognitivos, emocionales y sociales. “Desafortunadamente esa es la mirada que no llega al campo de la educación de la manera más pertinente y tampoco acompaña los procesos de formación docente”.

Lo anterior da como resultado una mirada limitada sobre qué son las competencias, dijo que debe señalarse que para los profesores también es compleja la enseñanza de este tipo sobre todo cuando no se ha definido el objetivo real de un plan de estudios o curriculum.

Por ello, debe haber un replanteamiento, donde se definan adecuadamente cuáles son las situaciones social, académica y científica que deben afrontarse, al igual que los saberes que deben adquirirse. De acuerdo con Donald Schön, un profesional tiene bases disciplinarias y conoce métodos, pero también es una persona que resuelve problemas, que se desenvuelve en un ámbito donde siempre hay conflictos de valores, y que toma decisiones.

A partir de este punto debería pensarse en un proceso educativo, donde la tarea sería crear situaciones didácticas que se acerquen a lo que se denominan tareas auténticas, porque precisamente hay que crear entornos de trabajo, ambientes de aprendizaje donde los estudiantes se acerquen a la realidad.

Renovación pedagógica y TIC

Frida Díaz Barriga señaló que incorporar las tecnologías en el ámbito educativo, sólo desde el punto de vista tecnológico, no tendrá éxito, puesto que debería implicar también una renovación pedagógica.

Por consiguiente, los esfuerzos por formar a los profesores en el ámbito de la tecnología sólo abordando la parte técnica, instrumental, así como la apropiación de programas informáticos, impedirá ir más allá de su uso instrumental.

La conferenciante rescató –como opción para avanzar hacia una adecuada competencia tecnológica entre los profesores– la ruta crítica de la UNESCO para la apropiación y recuperación de las tecnologías en el aula. Ésta se divide en varias etapas, en la primera los profesionales de la educación deben aprender cuestiones básicas de la tecnología; en otra se profundiza en el conocimiento para usos más pedagógicos o didácticos. “El ideal sería arribar a una etapa donde el profesor, con las tecnologías, promueva la generación de conocimiento en esos contextos escolares que ya habrían transitado hacia un modelo de comunidad de aprendizaje”.

Sin embargo, agregó, de acuerdo con algunos estudios realizados en el contexto de América Latina, los grandes programas de formación de los docentes para la incorporación de las tecnologías en la educación básica propiciados por los ministerios o por las secretarías de educación consisten en talleres o cursos donde aprenden cómo navegar en Internet, la suite básica de Office y alguno que otro software educativo. “Lo cual no es que no tenga sentido o valor, pero si nos quedamos ahí difícilmente puede pensarse en un cambio pedagógico o en innovación”.

Un segundo momento, en el que ya se emplean las tecnologías con otra perspectiva, se refiere al empleo estratégico y pertinente de una variedad de aplicaciones y herramientas tecnológicas a las que se incorporan situaciones problema, por ejemplo el diseño de una Webquest.

Aunque ya hay experiencias exitosas en este sentido, se ha presentado también el caso en que el profesor se ve como un ente aislado en su proceso de formación. Porque después de haber participado en dicho proceso al regresar a su lugar de trabajo no cuenta con apoyos ni con infraestructura.

De ahí la importancia de impulsar a los profesores a una participación mucho más continua, creativa y autogestiva, pero que no debe ocurrir de manera aislada sino a través de consolidar comunidades educativas que desarrollen culturas tecnológicas, no tecnocráticas.

La formación de los profesores

De acuerdo con un monitoreo realizado en América Latina sobre el uso educativo de las tecnologías, se observa que en el contexto latinoamericano, las tecnologías no parecen ser un factor que nos permita caminar hacia la equidad. Por el contrario, aseguró Díaz Barriga, se convierten en una causa de exclusión educativa, ya que la posibilidad de acceder a la tecnología está mediada por la capacidad socioeconómica de las personas y de las comunidades educativas.

Los mayores esfuerzos se realizan en los ámbitos urbanos, así como en las instituciones educativas, pero cuando se comparan instituciones públicas con privadas pues lo que resulta es que la diferencia también se ahonda entre ambas.

En cuanto a los usos educativos de las tecnologías, de acuerdo con investigaciones realizadas en primaria, secundaria y bachillerato, los más usuales se refieren a las búsquedas en Internet o al uso de las computadoras como procesadores de texto.

Otra brecha se da entre alumnos y profesores. En cuanto a este tema, Frida Díaz Barriga sostuvo que si bien se habla de nativos y migrantes digitales, aclaró que la inseguridad de los profesores en el manejo de tecnología se refiere al aspecto técnico y a las relaciones sociales y a la recreación, como chatear, usar el Twitter, bajar música, etcétera.

Pero si se ahonda en el uso educativo y en la manera en que las tecnologías se emplean al servicio del aprendizaje o la construcción del conocimiento, el resultado es diferente, puesto que los alumnos no están acostumbrados a analizar información y sólo “cortan y pegan”.

En este sentido, la tarea de los profesores está en generar aprendizajes más complejos  y promover la construcción colaborativa del conocimiento. Es decir, romper el paradigma de recepción y reproducción del mismo y llevarlo a lo que autores como Carles Monereo llaman aprendizaje estratégico.

Alcanzar estos resultados, dijo, sería imposible, como menciona Pablo Latapí, si antes no se logra entender cómo aprenden los profesores y en qué contextos para lograr una verdadera apropiación tecnológica y un cambio innovador en el aula.

Asimismo, dicho autor plantea que hay varios escenarios para la formación del profesor, como cursos de actualización, programas formales, maestrías y doctorados, los cuales serán exitosos siempre y cuando cuenten con un marco social de referencia; se acerquen a la planeación; cuenten con el apoyo de un tutor o mentor, y cuando se liguen a la problemática real del profesor.

En este sentido, Frida Díaz Barriga explicó que hay dos tipos de ambientes que actualmente se exploran: uno centrado en la evaluación formativa del docente, pensado para los profesores novatos o principiantes. Se enfoca a observar cómo se desempeña el profesor en un contexto de realidad, algunos autores dicen que es una derivación repensada de la microenseñanza. El otro se refiere a las comunidades educativas, donde el colectivo docente plantea sus necesidades y genera proyectos de trabajo en torno a los cuales transcurre el proceso formativo.

 

 

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